¿Acaso…

•Septiembre 24, 2007 • Deja un comentario

había empezado a volverme loca? Algo en mi interior me decía que si continuábamos allí lo íbamos a pasar realmente mal, pero me mantuve callada mientras cenábamos, escuchando los planes de Eneko de pasear por el bosque de noche. De noche… ¿por qué de noche? Les dije que estaba cansada, que me quedaría allí a dormir.-¿Sola?-preguntó Rakel visiblemente extrañada, tal vez cansada, de mi comportamiento. Le dije que sí, que aguantaría sola, que sobreviviría. ¿Sobrevivir? Aquello era una expresión normal, chistosa, pero en aquella situación me resultó terrorífica. Aquel lugar me estaba realmente afectando.

Desaparecieron entre los árboles a eso de las once de la noche, casi a la par que el ruido de un búho anunciaba la catástrofe. No iban a volver, estaba convencida. Ninguno de los volvería por aquel camino. Después de pensarlo durante un par de minutos, cogí una linterna y salí corriendo tras ellos.

No me costó demasiado encontrarlos. Eneko había intentado escalar una pared y se había caído, su cabeza sangrando profusamente. No me asusté, y eso que era incapaz de ver sangre. Estaba calmada, tranquila, justo lo contrario que Rakel, que gritaba histérica al no poder hacer nada por detener la hemorragia.

Le ayudé a levantarlo y corrimos hasta el campamento. Pero no había ni rastro de él, sólo unos pedazos de la tienda de campaña. Cogí una de las telas y cubrí la cabeza de Eneko con él mientras Rakel corría a acercar el coche. Cuando eso ocurrió, introdujimos al malherido Eneko en su interior, en la parte de atrás, y yo le quité la tela, lanzándola lejos.

Iba a cerrar la puerta cuando, inconscientemente, vi dónde había caído la tela. No podía ser, no era posible. Salí disparada del vehículo, ignorando los gritos de Rakel, y corrí hasta el arbusto de moras. Deja vù. Al levantar la tela, las moras estaban ensangrentadas. Había tenido una premonición. Por alguna razón, no era una buena señal.

Rakel y Eneko…

•Septiembre 24, 2007 • Deja un comentario

 …se acercaron corriendo hasta mí, preocupados de lo que podría haber encontrado. Yo esperaba que al menos Rakel gritase o algo, pero la frase que surgió de su boca me dejó completamente desconcertada y, a la vez, más aterrada incluso que antes.-¿Se puede saber por qué gritas?-con mucho trabajo conseguí pausar mis ojos de nuevo sobre las moras, y vi consternada que ya no había nada allí. Decidí no decir nada más, inventarme la excusa de que había visto una avispa. No quería que pensasen que me estaba volviendo loca. Ahora me arrepiento, una y otra vez, de no haberles dicho nada. Tal vez… tal vez si lo hubiese dicho… hubiese evitado todo esto…

Después de varias horas, conseguimos por fin montar las dos tiendas de campaña y fuimos a dar un paseo, a conocer aquel lugar. Eneko iba delante, entre los árboles sin un rumbo fijo, silbando alegremente. Yo iba detrás, mirando hacia ambos lados como si esperara encontrarme con algo. Afortunadamente, nada apareció. Rakel iba la última, sacando fotos a diestro y siniestro, el sonido característico de su flash haciéndome saber que continuaba allí. De pronto, el sonido cesó.

-¿Ya te has cansado de sacar fotos?-le pregunté girándome. Ya sé que suena a tópico, pero no estaba allí. Tampoco estaba la cámara tirada en el suelo como suele ocurrir en las películas de terror, pero ella no estaba, y aquello era suficiente para mí. -¡Eneko! ¡Rakel no está! ¿Eneko? ¡¿Eneko?! -él tampoco estaba. Me había quedado sola, yo, que me aterraba con lo más mínimo, estaba perdida en un monte que no conocía, y la noche amenazaba con caer sobre mí.

Me quedé quieta, paralizada, como si unas manos invisibles me sujetasen a aquel lugar.

Una rosa cayó del cielo a mi lado. Miré hacia arriba esperando encontrar a alguien, pero sólo había hojas. Otra rosa, y luego otra. En cinco minutos, había varias rosas a mi alrededor. ¿De dónde habían salido? ¿Podrían significar algo?

-¡¿Hay alguien ahí?!-le grité a la nada, en parte esperando que nadie me contestase. Las rosas continuaban cayendo sobre mí, como si de una lluvia de la naturaleza se tratara. Y entonces me percaté de algo realmente interesante: las rosas habían caído en una especie de recta, no en un montón, sino creando un sinuoso camino de pétalos rojos. El rastro comenzaba en mí y continuaba cuesta arriba. Me dirigí hacia allí, aunque no quería, aunque todo mi interior me gritaba que me detuviera; mis piernas parecían obedecer a alguien que no era yo.

El camino de rosas acababa en la entrada de una cueva pequeña. Me agaché y, a gatas, entré en ella con la certeza de que estaba introduciéndome voluntariamente en la cueva del lobo. 

Y entonces, desperté. Estaba tumbada fuera, en mi saco de dormir, Rakel y Eneko a mi lado, ella preparando la cena y él mirando con los prismáticos el vuelo de un águila. Todo había sido un sueño.

Me incorporé completamente desorientada y noté que mis pies rozaban algo en el interior del saco. Introduje mi mano para ver de qué se trataba.

Y grité.

Era una rosa. 

Todo…

•Septiembre 24, 2007 • Deja un comentario

…había comenzado aquel viernes, cuando Rakel, Eneko y yo habíamos decidido ir a pasar el fin de semana a la montaña. Nunca me había sentido a gusto entre las enigmáticas sombras de la naturaleza, el simple sonido de un búho servía para alertar todos mis sentidos y producirme un escalofrío que me calaba hasta los huesos, pero ya llevaba mucho tiempo negándome a sus planes. Y ellos posponiéndolos, esperándome. Ojalá nunca lo hubieran hecho.

Cuando nos montamos en el destartalado coche del padre de Eneko, algo en mi interior me dijo que regresara a casa, a mi cama, que todavía tenía tiempo y que si no me iba a arrepentir toda mi vida. Sexto sentido femenino. Lástima que casi nunca le hagamos caso.

-Vamos Amaia, eso del sexto sentido no son más que tonterías.-me dijo Rakel al darse cuenta de que había perdido todo el color del rostro. Aquella frase resonaría en mi interior, haría eco entre mis lágrimas cuatro días después, cuando ocurriría… lo que nadie jamás podría haber imaginado. 

Llegamos antes de lo esperado al pequeño rincón de la montaña donde estaba permitido acampar. Mientras Eneko intentaba montar la tienda en la que dormiríamos Rakel y yo, me quedé quieta mirando el paisaje; no tenía nada en especial, ni era una vista magnífica. De hecho, creo que en cualquier otro lado nos hubiésemos dado de bruces con un lugar más bonito. Al fondo quedaba el pueblo más cercano, lejos. Mi subconsciente quiso jugarme una mala pasada: “demasiado lejos”. No sé por qué pensé eso, pero un fuerte viento nos azotó de frente, levantando todo el polvo del camino, intentando lanzarnos hacia atrás. Intentando, tal vez, echarnos de allí. Prevenirnos. ¿Pero de qué? Simplemente estaba nerviosa, y creía ver señales de peligro en todas partes.-¡Joder! ¡Esto no hay quien lo monte!-gritó Eneko cuando una de las partes de la tienda salió despedida hacia atrás. Sin pensármelo dos veces, fui corriendo tras ella. Fue algo extraño; Rakel estaba mucho más cerca que yo, pero algo me empujó a mí a ir a por ella. Se había quedado enganchada en un arbusto de moras.Alargué la mano para cogerla y, al retirarla, un grito de terror surgió de mi boca. Alguien, algo, me había empujado a mí expresamente a recoger aquel insignificante trozo de tela, ya no había duda alguna.

Justamente donde había caído la tela, el arbusto de moras, las frutas mismas, estaban manchadas de sangre.

Viggo Mortensen en el Festival de cine de San Sebastián (Zinemaldi)

•Septiembre 23, 2007 • 1 comentario

 Llegó con una camiseta de fútbol, una mochila llena de trastos y unos zapatos colgando de ella porque no le habían entrado. Dicen que verlo en aquella escena pareció devolverlo a su etapa de Aragorn, como si el montaraz acabara de llegar a la capital guipuzcoana. Entró en el hotel, se dio una ducha rápida y bajó a toda prisa para llegar a la rueda de prensa.Pero abajo las fans ya lo esperaban y él, aunque tuviese un horario que cumplir y ya llegara tarde, se detuvo para firmar autógrafos a todas las que se lo pidieron.

Y mientras tanto yo estaba disfrutando de los últimos coletazos de la película Eastern Promises (podéis ver crítica en este mismo apartado), con la carpeta y el bolso ya en la mano, dispuesta a salir disparada de la sala en cuanto todo se fundiera a negro.

Y ocurrió. Mientras la gente se levantaba a aplaudir la primera película del festival yo bajaba los escalones de dos en dos y corría fuera del cine, entrara en el área prohibida, enseñara la acreditación y, mientras el chico decía “tranquiila, que todavía Viggo no ha llegado”, pasé de las escaleras mecánicas y entré en la (inmensa) sala de prensa, donde recorrí filas y filas de butacas hasta llegar a la primera fila.

“¿Está libre?” la que me respondió, una majísima reportera extranjera que se empeñó en que no le hablara en inglés para poder practicar aasí su castellano. “No he podido ver la película”, decía. “Y espero no meter la pata a la hora de las preguntas” Y es que la pobre acababa de terminar otra entrevista y no había podido disfrutar de la majestuosidad de la última obra de Cronenberg.

La sala se fue llenando rápidamente, y me tocó detrás un fotógrafo muy chistoso que, desde el primer momento, no haría más que chincharme. “Donde estás ahí te va a mirar fijamente”. Y yo, más roja que un tomate, os lo podéis imaginar.

Pero no todo iba a salir tan bien, y cinco minutos antes de que comenzara la rueda de prensa, cuando la sala ya estaba abarrotada, unos señores (no voy a llamarlos de otra forma) nos intentó echar de las dos primeras filas.

“Tú quédate a mi lado”, me dijo el fotógrafo. Nos retiramos a la segunda fila y esperamos de pie junto a dos butacas vacías hasta que Viggo Mortensen y David Cronenberg hicieron su aparición. “AHora ya no se atreverán a decirnos nada, por miedo a que montemos un escándalo”.

Así que allí estaba yo, segunda fila, separáda únicamente de mi idolatrado Mortensen por una fotógrafa alemana que se movió hacia un lado para dejarme contemplarlo con tranquilidad. Thanke. Comenzó la rueda de prensa, y yo parecía estar flotando en una nube, incapaz de apartar la mirada del actor que sonreía y hacía bromas y hasta se atrevió a chapurrear unas palabras en euskera.

Y entonces, ocurrió. Se quedó mirándome. Al principio pensé que veía visiones, que era imposible, que seguramente tendría la vista perdida y no me estaba mirando. Pero los codazos del fotógrafo que tenía al lado. “Eh-eh-eh que te está mirando, que te está mirando” y la media sonrisa del actor confirmaron este hecho.

Me dedicó un montajillo (os adjunto un pedazo con la única intención de que se vea la dedicatoria) y me marché de la sala como quien camina por un valle de algodón.

Pero mi sorpresa no acabaría allí: mirando ayer la página oficial del festival, descubrí un vídeo completo de dicha rueda de prensa, dónde se me ve un par de veces la cara y todo el tiempo la cabeza (lol), y donde se aprecia claramente los momentos en los que se quedaba clavando mirando hacia donde yo estaba.

(( http://www.sansebastianfestival.com/2007/es3/tv.php ))

Viggo… si antes eras mi ídolo, ahora lo eres incluso más.  

La noche…

•Septiembre 23, 2007 • Deja un comentario

   … había caído inexorable sobre la serpenteante carretera, una oscuridad casi completa que hizo que nos acongojáramos y nos sintiéramos empequeñecer en el asiento del coche. La luna aparecía y desaparecía emtre las nubes como si quisiera invitarnos a los tres componentes del vehículo a su indescriptible juego de guiños.

De repente, la blanquecina luz quedo oculta tras una colina y, cuando volvió a emerger duditativa, surgió un rostro, una figura aterradora que parecía sonreirnos desde el firmamento. Una maquiavélica carcajada nos atravesó como una gélida daga directa a nuestro corazón.

Y, aunque desapareció en cuestión de segundos, supimos que algo malo iba a ocurrir…

Faltan botako zaituztet

•Septiembre 22, 2007 • 1 comentario

  Hegazkinak lurra ikutzeari utzi zion momentuan bertan konturatu nintzen amaitua zegoela, akabo, gure hamar eguneko abenturatxoa Italian. Bi ordu eta zertxobait gehiago eta lurra hartzean negar malkoei begi-kaioletatik ihes egiten uztea besterik etzegoen.

Leihotik kanpora so nengoen hiriaren argiak aho zabalik ikuskatuz; inoiz bidaiatu gabea nengoen gauez, eta paisaia magikoa iruditzen zitzaidan. Bat-batean, letra batzuk ikusi nituen hainbeste argi artifizialen artean, farola batzuen argiek indar gehiago edukiko balute bezala. FBZ. Nire ondoan erdi lokarturik zegoen Gorka ez zen horretaz jabetu, ez nire atzean zegoen Tere ere. FBZ. Zer esan nahiko zuten? Zer motatako mezua bidaltzen zidan (zigun) zapaldu ez genuen hiriak? FBZ. Erantzuna oihartzun urrun baten antzera heldu zen nigana. Faltan Botako Zaitut.

Bai, faltan botako zaitut Italia, faltan botako zaitut Irati, Ainhoa, Nerea, Ane, Josu, Amaia, Iraitz, Idoia, Eñaut, Gorka, MIkel, Arrate, Mailaen, Izaro, Oskia, Blanca, Tere, Maialen, Alaine, Elena, Nagore, Josu, Michele…

Nola jakin ote zuen Bruselasek gure barne-barneko sentimenduei buruz? Ez genuen Vienan, Bolzanon, Torinon edo Milanen bezala bere kaleetan gure bizitzaren zati bat utzi, une ahaztezin mordo bat, irribarre bat, paperean negartutako hitz batzuk… Eta hala ere… Bruselasek bazekien gure joanaren berri, gure bihotz-taupaden bizkortasunaren berri.

Jakingo ote zuen gure etorkizunaren berri? Loiun eta Donostian irauliko genituen malko sakonenen berri? Taldea banatuko ote zen, edo gutako batek (edo gehiagok) arrakasta lortuko ote zuten? … Nork daki. Hori ez dago hiri baten mezu sekretuen menpe, ez norbaitek asmatutako Jainkoaren, politikari herdoildu baten hitzaldi edo patua delakoaren menpe. 

Etorkizuna gure menpe zegoen, dago, eta gure betebeharra izango da aurrera egitea. Ilun, ezezagun datozkigu goizak, zer egingo ote dut, zer sentituko ote dut… ezer ez da ziurra, ezer ez da izango inoiz.

Beno, gauza bat bai

FALTAN BOTAKO ZAITUZTET