había empezado a volverme loca? Algo en mi interior me decía que si continuábamos allí lo íbamos a pasar realmente mal, pero me mantuve callada mientras cenábamos, escuchando los planes de Eneko de pasear por el bosque de noche. De noche… ¿por qué de noche? Les dije que estaba cansada, que me quedaría allí a dormir.-¿Sola?-preguntó Rakel visiblemente extrañada, tal vez cansada, de mi comportamiento. Le dije que sí, que aguantaría sola, que sobreviviría. ¿Sobrevivir? Aquello era una expresión normal, chistosa, pero en aquella situación me resultó terrorífica. Aquel lugar me estaba realmente afectando.
Desaparecieron entre los árboles a eso de las once de la noche, casi a la par que el ruido de un búho anunciaba la catástrofe. No iban a volver, estaba convencida. Ninguno de los volvería por aquel camino. Después de pensarlo durante un par de minutos, cogí una linterna y salí corriendo tras ellos.
No me costó demasiado encontrarlos. Eneko había intentado escalar una pared y se había caído, su cabeza sangrando profusamente. No me asusté, y eso que era incapaz de ver sangre. Estaba calmada, tranquila, justo lo contrario que Rakel, que gritaba histérica al no poder hacer nada por detener la hemorragia.
Le ayudé a levantarlo y corrimos hasta el campamento. Pero no había ni rastro de él, sólo unos pedazos de la tienda de campaña. Cogí una de las telas y cubrí la cabeza de Eneko con él mientras Rakel corría a acercar el coche. Cuando eso ocurrió, introdujimos al malherido Eneko en su interior, en la parte de atrás, y yo le quité la tela, lanzándola lejos.
Iba a cerrar la puerta cuando, inconscientemente, vi dónde había caído la tela. No podía ser, no era posible. Salí disparada del vehículo, ignorando los gritos de Rakel, y corrí hasta el arbusto de moras. Deja vù. Al levantar la tela, las moras estaban ensangrentadas. Había tenido una premonición. Por alguna razón, no era una buena señal.
